Viví en Sirio unos cuantos años. O a la luz de esa estrella.
Me acostumbré al tiempo sin medidas fijas, a los espacios ilimitados, al movimiento sin peso.
Sin esa luz puedo sentir el peso de mi planeta y sus insensateces.
Mi casa adquiere su cualidad de caos: la guitarra con su postura de estar a medio sentar en la silla, la cama abierta, los libros desperdigados, las tazas de propaganda con dibujos de Forges...
Esas cosas que tenían sentido ahora ya me parecen objetos sin alma y sin rumbo.
Mi casa adquiere su cualidad de caos: la guitarra con su postura de estar a medio sentar en la silla, la cama abierta, los libros desperdigados, las tazas de propaganda con dibujos de Forges...
Esas cosas que tenían sentido ahora ya me parecen objetos sin alma y sin rumbo.
A duras penas voy siguiendo el "mito de Sísifo", que no es lo mejor que puedo hacer ahora precisamente y sin embargo en ello estoy.
El comienzo me parece claro y evidente: la toma de conciencia del absurdo como consecuencia de la fractura entre el individuo y el mundo. Hasta ahí todo bien, no hay motivos o motivaciones, de ahí todo el sinsentido, la intrascendencia, la indiferencia. Pero no se cómo se las ingenió Camús para acabar explicando que no hacen falta motivos para vivir, que Sísifo hace bien levantando una y otra vez la piedra y tomando conciencia del absurdo del asunto mientras baja a por ella.
Se me escapa entre los dedos esa explicación.
La ética personal de Camús es asombrosa.

